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Primera Reunión Binacional de Ecología

XX Reunión Argentina de Ecología

X Reunión de la Sociedad de Ecología de Chile

Documento presentado en el

Taller

Sociedad Argentino Uruguaya de Economía Ecológica

Oportunidades de la articulación entre la economía y la ecología

por

Jorge Morello y Walter Pengue

Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente, Centro de Estudios Avanzados, Universidad de Buenos Aires

wapengue@sinectis.com.ar ; morello@cea.uba.ar

25 de Abril, 2001.

San Carlos de Bariloche, Río Negro, Argentina.

Oportunidades de la articulación entre la economía y la ecología

por

Jorge Morello y Walter Pengue

Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente, Centro de Estudios Avanzados, Universidad de Buenos Aires

wapengue@sinectis.com.ar ; morello@cea.uba.ar

Desde hace dos siglos el gran objetivo de la ecología ha sido la comprensión de los fundamentos del uso racional de los recursos naturales; esto es la economía de la naturaleza. A pesar de ese interés central muy pocos ecólogos se preocuparon por elaborar o adoptar herramientas que permitieran usar el conocimiento de los economistas, disciplina que había elaborado su identidad y marco conceptual medio siglo antes con la obra de Adam Smith (Pengue, 1999).

Por otra parte salvo excepciones como las de Engels, Geddes, Podolinsky o Soddy, pocos economistas usaron los principios del funcionamiento de la naturaleza en sus elaboraciones teóricas.

Durante algo mas de siglo y medio no hubo integración entre disciplinas tan afines temáticamente y ello les trajo consecuencias a ambas. En este sentido, queremos referirnos a algunos problemas que este desajuste provocó en la ciencia del funcionamiento de la naturaleza.

La ecología vio mutilada la posibilidad que sus resultados o una fracción de ellos fueran aplicados regularmente en los programas de desarrollo económico, a concretas situaciones de terreno, a influenciar la generación y aplicación de políticas de desarrollo local y regional de recursos específicos y a generar y ver aplicadas recomendaciones de manejo.

Si Oscar Wilde alguna vez dijo que los economistas saben el precio de todas las cosas, mientras que no saben el valor de la mayoría de ellas, podemos argumentar que los ecólogos han conocido funciones ecosistemicas de gran importancia pero raramente habían pensado en como darle precio a esas funciones o servicios ambientales.

Hay muchos colegas convencidos que la ecología se perjudicó bastante por su falta de integración con disciplinas indispensables para el tratamiento de temas que no pueden ser resueltos sin esta integración de saberes, incluso que por ello se exacerbaron tendencias negativas como la investigación orientada exclusivamente por la curiosidad sin tener en consideración la demanda social y económica, o las prioridades nacionales o locales; o la falta de una orientación claramente enfocada a un problema en el diseño de la investigación; el desinterés y desconocimiento de los mecanismos de toma de decisiones y sobre todo de los sectores económicos en pugna (Di Castri, 1998).

Obviamente ciertos campos y temas de ambas disciplinas obligaron a los investigadores a integrar parcialmente sus saberes con una elaboración teórica imperfecta mucho antes de la década del 70 del siglo pasado cuando se inicia lo que podríamos llamar el encuentro de los dos saberes o el encuentro del eco de la naturaleza con el eco de la valorización.

La integración parcial se dio en campos del conocimiento en los que encajaban sectores económicos claramente definidos como los de la ecología pesquera, la forestal, la de manejo de plagas y enfermedades; las de la caza, pesca y recolección deportiva y comercial.

Los economistas por su parte debieron articular sus saberes con algunos conceptos ecológicos básicos cuando trabajaban en temas tales como los de programar el desarrollo local o regional; la producción de complejos mosaicos de paisajes o en sectores o procesos claramente imbricados con el conocimiento del funcionamiento de la naturaleza, como los de pobreza, calidad de vida, medio ambiente, contaminación, urbanización, disposición de residuos.

En los 60 el libro de Rachel Carson y la desmesurada reacción de la industria de los agroquímicos liderada por MONSANTO y de la que se hizo eco hasta el Time Magazine, despierta el interés publico no sólo sobre la importancia de la degradación ambiental sino sobre la desmesurada capacidad de reacción de las multinacionales afectadas que estuvieron cerca de decretar la muerte científica de una zoóloga de primer nivel.

También a mediados de los 60 comienza el International Biological Program con el declarado propósito de aumentar la productividad biológica del mundo a través de un mejor conocimiento del funcionamiento y los procesos ecológicos (Worthington 1975). Era la década donde con excesiva candidez los países subdesarrollados mirábamos a la ecología como una importante herramienta para el desarrollo económico, sin darnos cuenta que el conocimiento de las funciones y procesos, si no son estudiados y considerados como servicios ambientales y se les da valor, jamás podrán ser herramientas, para este desarrollo armónico.

En los años 70 se produce el encuentro eco-eco, lo que Wilkinson(1992, pág. 29) llama la "economía mirando el verde" y ello se da en el marco de un fenomenal avance de temas y problemas que se vuelven transgresivos a las fronteras geográficas, a las políticas y sobre todo a las disciplinarias y demandan estudios integrados. Allí comienza una fecunda búsqueda que hoy persiste de métodos y herramientas que permitan integrar la aplicación simultánea de la ecología y la economía.

En la misma época, las leyes de la entropía y los procesos económicos encuentran una particular visión que comienza a dar fuerte impronta a la Economía Ecológica, con los estudios de Nicholas Georgescu Roegen (1971).

En EEUU, los Odum (Odum y Odum 1976), con la mirada de la ecología, proyectaron e igualaron los flujos de energía con los de dinero y capital y en Francia desde la economía René Passet (1979) también trabajando con balances energéticos desarrolló una teoría ecológica basada explícitamente en principios ecológicos. En el mismo año, en Europa, Martinez Alier y José Naredo, estudian la fuerte vinculación entre las formas de producción y transformación y los flujos de energía.

En los ochenta se proponen dos conceptos que tratan de articular el desarrollo económico con el ambiente biofísico: el de sustentabilidad y el de ecoeficiencia. Nace una fecunda alianza científica entre dos investigadores de las interacciones entre economía y ecología, Costanza y Daly (Constanza y Daly, 1987) que comienzan a darle contenido al primero de ellos: el de sustentabilidad.

Su objetivo fue reorientar la economía hacia la sociedad con sentido de equidad, hacia el ambiente biofísico y hacia un desarrollo sostenible y eso es lo que 10 años antes cuatro investigados latinoamericanos, dos de ellos economistas, Sejenovich y Leff y dos ecólogos, Hurtubia y Szekely, llamaron articulación naturaleza-sociedad en un trabajo fundacional (Hurtubia et. al., 1977) pero que tuvo dos limitaciones, fue publicado al sur del río Bravo y en castellano.

Lo anterior sugiere la existencia de un grupo de economía ecológica precursor en América Latina que reunía a investigadores de organismos internacionales, fundamentalmente el PNUMA y la CEPAL y nacionales como la UNAM, el Colegio de México, el Ministerio del Medio Ambiente de Venezuela y ONGs como el CEUR de Argentina. Figuras internacionales de esta escuela precursora entre otras, fueron Pablo Gutman y H.Sejenovich de Argentina, Enrique Leff, de México, y N. Gligo de Chile.

En este momento podemos hablar de un grupo de pensamiento latinoamericano que desde hace tiempo contribuye a clarificar ciertas relaciones entre temas ambientales y ecológicos, entre ellas las de las cuentas patrimoniales, los métodos multicriterio y los problemas de valuación de los recursos naturales; hay una norteamericana de gran influencia en América Latina donde trabajan ecólogos argentinos de primer nivel liderada por Constanza y Daly; una escuela desarrollada en el London Environmental Economics Centre (Pearce, et al, 1991); otra sueca que trabaja en la Swedish School of Environmental Economics, (Mäler, 1974). El grupo francés desarrollado alrededor del concepto de ecodesarrollo acuñado por Sachs, se híbridó durante largos años con el pensamiento latinoamericano y muchos argentinos, mexicanos, brasileños y venezolanos trabajaron con él . La escuela española de Martinez Alier empieza a pesar crecientemente en el pensamiento latinoamericano mientras, en un seminario convocado en Barcelona en 1987 representantes de casi todos los grupos dan forma a la ISEE (International Society for Ecological Economics).

Llegamos así al momento en que la joven disciplina de la economía ecológica es definida como la ciencia y el manejo de la sostenibilidad (Constanza, 1991) florecen líneas de trabajo integradas , sistemas integrados como el socio-ecológico, a veces llamado social-economic-ecological systems , se fundan o reorientan institutos como el Beijer International Institute for Ecological Economics, y aparecen programas internacionales como los de Predicción de Cambio Ecosistémico, y la Capacidad de Sostener los Servicios Ecológicos, el de Análisis de Flujo de Materiales para Manejo Sustentable de Recursos y el de Cambios Ambientales en Areas Peri-urbanas para solo citar los propuestos a SCOPE en el año 2000, que tienen demandas centrales vinculadas con economía ecológica.

Este interés creciente en la economía ecológica nace de varias demandas: por un lado nuestra región se está reorganizando, social, económica y ecológicamente; y hay conductores de cambio como el uso y la cobertura de la tierra que ponen en tela de juicio la capacidad de nuestros ecosistemas para sustentar las nuevas formas de producción rural, los ciclos de nutrientes y la fertilidad de los suelos, y nuestro patrimonio bioecológico y sociocultural, es decir, la biodiversidad en su sentido amplio(Morello y Pengue,2000). Por otro lado aumenta la demanda por valorar la condición y la tendencia de algunos servicios ambientales como la capacidad de purificación del agua de los humedales degradados, la de mantener la fertilidad del suelo, la de controlar extinciones e invasiones, la eficiencia de la polinización o el control de plagas. También hay urgencia en conocer los stocks biológicos que proveen nuevos bienes y productos como la pesca, los recursos forestales, los vegetales y animales, precursores de fármacos y varios productos industriales.

Además de reorganizarce en sentido amplio, la Región y nuestro país enfrentan problemas ambientales novedosos, y problemas crónicos que se han exacerbado o adquirido dimensiones espaciales críticas. Entre los primeros anotamos la reaparición de enfermedades consideradas controladas hace más de un lustro (tuberculosis, cólera, rabia), la llegada de enfermedades nuevas para el territorio como el dengue, la explosión poblacional de plantas invasoras formando neoecosistemas como los bosques de ligustro (Ligustrun sinensis y L. lucidum); los cañaverales de Arundo donax, y los pajonales de lirio (Iris pseudacorus) en los bordes de la Pampa Ondulada y el explosivo avance de bosques ribereños de acacia negra (Gleditsia triacanthos) en los valles fluviales de la Pampa Húmeda. La construcción de hábitats singulares para animales fosores en los terraplenes y ataja repuntes de grandes humedales, como el Iberá y el Delta y en los neobosques ribereños pampeanos.

Problemas crónicos exacerbados, no sólo van asociados a defaunación, deforestación y desertización sino a la superficie ocupada por neosuelos y neorelieves periurbanos asociados a la disposición de residuos domésticos, escombros, inversión de perfiles en movimientos de tierra para construcción de infraestructura de transporte y ductos, nuevas geoformas, nuevas modalidades de funcionamiento de los humedales. Las consecuencias de estos cambios deben ser valorizadas adecuadamente, se debe colocar un valor apropiado - de estar disponible el instrumento - al elemento del paisaje natural y al resultante de la transformación o conversión. Ese valor empíricamente se aplica por ejemplo, en el mercado de tierra para agricultura cuando una ha. "chacareada" es decir que ha tenido soja sobre soja en agricultura contínua durante los últimos quince años vale menos de la mitad de una tierra ubicada en el mismo elemento del paisaje que tuvo rotación agroganadera, y un 30 % menos que otra donde se hizo agricultura contínua pero alternando maíz con trigo y soja.

En América Latina, Roberto Repetto del World Resources Institute, es uno de los economistas más citados por haber introducido en las cuentas nacionales de Indonesia(1989) y luego de Costa Rica, las depreciaciones de los recursos naturales económicamente más importantes. En este último país, las depreciaciones de los bosques, el suelo y los recursos pesqueros resultantes de veinte años de explotación no sustentable mostraron que teniendo en consideración tales depreciaciones el crecimiento económico promedio sería de sólo unos ¾ del calculado oficialmente.

Hace unos pocos años varios investigadores argentinos y uruguayos, algunos de abolengo económico como Gutman, Barrera, Sejenovich, Pengue y otros de linaje ecológico como Bücher, Schlichter, Laclau, Dadón comenzaron a argumentar convincentemente contra la idea de seguir considerando a la naturaleza como proveedora permanente de almuerzos gratuitos. Ellos comenzaron por intentar dar valor a lo que tradicionalmente no era gratis, no tenía un precio reconocido en el mercado. Estaban ocurriendo procesos muy graves de sobrepesca, sobrepastoreo, sobreexplotación forestal, sobreexplotación agrícola, intensificación de la exploración y explotación minera, construcción de grandes obras de infraestructura y expansión urbana que llevaban a degradaciones, extinciones-invasiones y cambios de calidad de los recursos naturales que afectaban a sectores importantes de la economía nacional y era necesario medir.

Además se formaliza y amplia un mercado en el que algunos bienes y servicios ambientales se compran y venden, particularmente la oferta para la percepción pluri-sensorial del paisaje de montaña, de los ecotonos litorales fluviales y sabana-bosque (los "amenities"). Tiene valor creciente la percepción de fauna y flora emblemática, la ocupación humana muy baja y muy dispersa, el silencio, los ruidos del bosque, los ecosistemas únicos.

Se comienzan a usar metodologías de análisis costo beneficio y más aún, sistemas multicriterio, que permitirían a los decisores hacer elecciones ambientalmente fundadas. Por ejemplo si un desmonte para agricultura va a cancelar la conectividad entre fragmentos de bosque que no han sufrido el proceso de defaunación ello significa que la sustentabilidad a largo plazo está siendo sacrificada. Si se construye una infraestructura habitacional o industrial sobre un argiudol contigua a una autopista se ha eliminado para siempre el uso agroproductivo de ese espacio.

En este sentido, es posible comentar dos trabajos, que muestran el interés creciente y los problemas que surgen en las valorizaciones ambientales en aquellos ecosistemas donde hay baja información sobre recursos específicos:

En 1995, Bucher y Huszar, hacen un primer esfuerzo por plantear los costos ambientales de un mega-proyecto, incluyendo el incremento de los costos de dragado como consecuencia de la expansión del cultivo de soja, la mitigación del efecto esponja del Pantanal (separación en el tiempo de las crecidas normales del Paraná y Paraguay), aumento de la sedimentación y erosión de costas con escarpa vecina al cauce, aumento de la contaminación de origen urbano, minero y de accidentes en embarcaciones, perdida de biodiversidad y expansión de enfermedades trasmitidas por vectores, llegando a la conclusión que los costos ambientales de la Hidrovía en funcionamiento superarán los 40 millones de dólares anuales. Los autores terminan destacando la urgencia en medir los valores económicos de los costos ambientales de estas grandes obras.

El año pasado Schlichter y Laclau (2000) valorizaron en términos económicos la desertización de la Patagonia evaluando el costo de restauración de los ecosistemas degradados usando técnicas conocidas y probadas en la región. Se ha hecho un esfuerzo muy valioso para identificar y valorizar las consecuencias de la explotación petrolera y de la ganadería ovina analizando acciones directas e indirectas vis a vis los costos de restauración vegetal incluyendo forestaciones con pinos donde el higroclima lo permite.

Como alternativa se estudia el agrotrurismo y los mecanismos creados para transferir recursos vía bonos de reducción de emisiones de CO2 para revegetar territorios de países subdesarrollados y el mantenimiento de la biodiversidad regional que es un potencial para descubrir proto fármacos, insecticidas, y narcóticos.

Los autores han analizado una región que cubre más de 600.000 km2 y llegan a conclusiones generales muy parecidas a aquellos que analizaron los efectos potenciales de una obra que afectaría un valle fluvial de 3.000 km de largo y humedales que cubren 150.000 km2. Ambos opinan que las valoraciones económicas de bienes y servicios ambientales incluyendo lo que ha dado en llamar los "pasivos ambientales" es una tarea científico técnica de extrema urgencia porque los deterioros son "alarmantes, y debieran llamar la atención de la sociedad y en especial de los sectores que tienen a su cargo la toma de decisiones" (op. cit., pág 349)

Es así, que un grupo de colegas pensamos que ha llegado el momento de convocar a ecólogos y economistas para emprender un camino común, interactuar institucionalmente, y producicr lo obvio: un lugar de discusión y aprendizaje, una publicación rioplatense de alta calidad, encuentros periódicos de los cuales el primero ocurrirá en noviembre de este año, un boletín, y apostadero para colegas extranjeros que se interesan por temas y problemas del Cono sur.

Uno de los miembros de esta nueva Sociedad, ha tenido dos aventuras fundacionales previas y no le fue mal: colaboró como estudiante tesista en el nacimiento de la Sociedad Argentina de Botánica y como profesional en la conformación de la Asociación Argentina de Ecología (AsAE) a cuyas autoridades, queremos agradecer la oportunidad de habernos facilitado este foro para presentar en un Taller la ECO-ECO Argentino Uruguaya que nace en circunstancias socio políticas de alta incertidumbre, con el objetivo de aglutinar a quienes estudian y valorizan económicamente regímenes de disturbio de los recursos naturales que aparecerían como impensables para países tan poco poblados y con hiperconcentración de la misma en megaciudades, como son Argentina y Uruguay.

Bibliografía

Bucher, E. Y P.C. Huszar, 1995, Critical environmental costs of the Paraguay-Paraná waterway project in South America. Ecological Economics, 15:3-9, New York.

Costanza R, Daly HE. 1987. Toward an ecological economics. Ecological Modeling 38: 1-7.

DI Castri F. 1998. The interactive chain of globalizations: From the economic to the ecological one. Pages 65-85 in Theys J,ed. L´Environnement au XXie Siécle. Paris: GERMES.

Di Castri F. 2000. Ecology in a Context of Economic Globalization. BioScience Vol.50 Nº.4.

Georgescu Roegen, Nicholas, 1971. The Entropy Law and the Economic Process, Harvard University Press.

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Worthington EB. 1975 The Evolution of IBP,Cambridge University Press. Cambridge UK.

Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente

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